El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Las dos muchachas llevaban unos impermeables nuevos de que se mostraban muy orgullosas, poco acostumbradas como estaban a llevar prendas flamantes.
—Me parece que voy a tener que hacerles algún corte —manifestó Dale afilando un gran cuchillo.
—¿Por qué?, —fue la débil protesta de Bo.
—Porque no están hechos para montar y si no los adapto para ello quedarán ustedes hechas una sopa. De todos modos será imposible evitar cierto remojón.
—Pues haga usted lo que quiera —hubo de asentir Elena.
Dale dio el corte prometido y Elena no pudo menos de reconocer lo acertado de la medida cuando comprobó cómo, gracias a esta precaución, los faldones de los impermeables caÃan a uno y otro lado de las sillas tapándoles las piernas y los pies.
