El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¿Crees, Roy, que podremos llegar a mi campamento mañana por la noche? —preguntó Dale en tono que demostraba la importancia que él concedÃa a este extremo.
—Indudablemente, si cada uno de nosotros lleva sobre su caballo a una de las muchachas. ¿Has visto alguna vez una muchacha más intrépida que la menor de esas dos señoritas?
—¿Yo? ¿Cuándo he conocido a ninguna muchacha? —exclamó Dale—. No recuerdo sino a las que traté siendo todavÃa un niño. Desde que cumplà los catorce años apenas si he cruzado algunas breves palabras con mujeres jóvenes.
—Me gustarÃa casarme con una joven como Bo —declaró Roy con vehemencia.
A estas palabras siguió un rato de silencio.
—¿Cómo, Roy, puedes hablar de matrimonio estando ya casado? —preguntó Dale con sorpresa.
—¿Has vivido, Milt, tanto tiempo en los bosques que ignoras que un mormón puede tener dos mujeres? —respondió Roy echándose a reÃr.
—Nunca he podido comprender cómo un hombre, fuere cual fuere la secta a que pertenezca, pudiera tener más de una sola mujer.
—Pues cásate con una sola mujer y después de vivir una temporada con ella a solas ya me dirás si no deseas tener otra.