El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Aquel descanso fue el último que tenían que disfrutar las muchachas; desde aquel momento la marcha tenía que ser cada vez más dura. El terreno era no sólo empinado, sino resbaladizo, siendo necesario cruzar barrancos y collados en gran número. Las pendientes que continuamente tenían que subir y bajar estaban cubiertas de zarzas y matas espinosas que desgarraban la ropa y lastimaban la piel de personas y animales. Ranger, con su noble instinto, sabía sortear el peligro. El caballo blanco de Bo, por el contrario, se daba menos maña para sortear las espinas. Entre la maleza elevaban su copa majestuosa los pinos y los árboles. El suelo era blando y los caballos hundían las patas en el fango. Una vez Ranger en una pendiente hincó sus patas delanteras en el suelo y se dejó deslizar agachando la grupa. Éste era un modo muy expeditivo de facilitar el avance, pero a Elena le produjo gran sobresalto. Más adelante fue preciso descender del caballo y continuar la marcha a pie. Después de cruzar de esta manera una media docena de cuestas y pendientes las piernas se negaban a sostener a Elena y la respiración le faltaba. Todo parecía girar en torno a su cabeza. Sus pies parecían de plomo y el traje le pesaba como si llevara los bolsillos llenos de piedras. Agotada por los continuos cambios de calor y humedad veíase obligada a detenerse. Siempre se había distinguido por lo andariega, pero en aquella ocasión costábale tanto andar como montar. Al sangrarle la nariz comprendió que todas aquellas molestias provenían no tanto del cansancio como de la altitud a que habían llegado. El corazón, sin embargo, no le dolía, aun cuando sentía en el pecho una opresión considerable. Por fin Roy se metió en un barranco tau profundo, ancho y cubierto de verdura, que parecía imposible se pudiera atravesar. No obstante, Roy no mostró la menor vacilación, desmontando al poco rato. Elena pudo comprobar que conducir a su caballo de la brida era todavía más penoso que bajar por aquella escarpada pendiente a lomos de él. El caballo se le echaba encima y ella apenas si tenía tiempo muchas veces para apartarse y no ser atropellada.