El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¿No es esto hermoso, Elena? —exclamó Bo, jadeante y llena de entusiasmo.
—¿Estás loca, Bo?, —fue la contestación de Elena.
Roy intentó en varios lugares la ascensión, siempre inútilmente, continuando el descenso un centenar de metros más. Intentó de nuevo salir de aquella hondonada en un punto en que el terreno aparecía algo despejado, pero cuando hubo probado la consistencia del suelo se volvió para advertir a las muchachas que anduvieran con precaución, y marcharan siempre poniendo al caballo del lado del precipicio.
Esto era más fácil de decir que de hacer. Elena no pudo vigilar a su hermana porque Ranger no le daba tiempo para ello. Tiraba de la brida y relinchaba.
—Cuanto más de prisa anden ustedes, mejor —advirtió Roy.
Elena obedeció aunque sin comprender aquella advertencia. Roy y Bo ascendían en zigzag por la traidora pendiente. Elena quiso seguir las huellas de sus predecesores, pero Ranger ascendía con excesiva celeridad, arrastrándola e impidiéndola ponerse del lado contrario al precipicio. Por muchos esfuerzos que hizo, sus pies resbalaban junto a su caballo; gracias a que el inteligente animal hacía todo lo posible para no atropellarla.
—Cuidado, póngase usted del lado opuesto al precipicio —gritó Roy.