El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque El animal se habÃa rezagado un poco al ver a Dale acercarse al fuego del campamento. Era una hermosa bestia delgada y ligera, con sedosa y fina piel y grandes ojos negros. Se detuvo un momento, con sus largas orejas tensas, e inmediatamente se aproximó a Bo, acercándole el hocico a sus manos. Era extraordinario ver la mansedumbre de aquel animal, en apariencia tan salvaje. De pronto, súbitamente, cuando Bo le acariciaba las orejas, dio un salto y desapareció tras los pinos.
—¿Por qué se ha asustado? —preguntó Bo.
Dale señaló, a unos diez metros del suelo, una concavidad, en el fondo de la cual habÃa un gran felino plácidamente echado.
—Tiene miedo a Tom —explicó—. Le reconoce, sin duda, como un enemigo hereditario. No logro que hagan las paces.
—¡Ah! ¿Ése es el puma favorito de usted? —admiró Bo—. ¡No me extraña que la cierva haya huido con tal celeridad!
—¿Cuánto tiempo hace que está aquà este animal? —preguntó Elena, mirando fascinada al famoso felino.
—No se lo podrÃa asegurar. Tom va y viene a su antojo —contestó Dale—. Yo le dejé aquÃ, sin embargo, ayer noche.