El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¡Y ha permanecido tan cerca de nosotras, suelto, mientras dormÃamos! —exclamó Bo, sin poder contener cierto estremecimiento.
—SÃ, más no creo que corrieran ustedes ningún peligro.
—¿Pues no es una fiera? —comentó Bo—. ¡Parece una pantera!
—¡No; es un puma! Cuatro años hace que lo tengo. Cuando me apoderé de él era un cachorrito que casi cabÃa en mi bolsillo.
—¿Está perfectamente amaestrado? ¿No ataca nunca? —preguntó Elena, presa del mayor recelo.
—Nunca, aunque yo me guardo muy bien de declararlo asà —contestó Dale—. Puede estar completamente tranquila. Ningún felino americano ataca al hombre, si no es en actitud de defensa, o empujado por el hambre. Tom no es sino un cachorro grande.
El puma levantó la cabeza y los miró con sus ojos soñolientos.
—¿Le llamo? —preguntó Dale.
Bo no supo qué responder.
—Que no se acerque demasiado —fue la prudente prevención de Elena.
—No tema. Si se le aproxima acarÃciele la cabeza y verá cómo se lo agradece. Apuesto a que las dos tienen apetito.