El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —No tanto como usted se imagina —contestó Elena.
—Lo que es yo, tengo un hambre que no veo —confesó Bo.
—Tan pronto como el pavo esté asado, comeremos. Mi campamento está allÃ, entre las peñas. No tardaré en llamarlas.
Al verlo marchar, Elena se dio cuenta del aspecto distinto del cazador. Llevaba un traje de piel de ante, sin chaqueta, y en vez de las botas de montar calzaba abarcas. ParecÃa otro hombre.
—No sé lo que piensas de él, Elena —dijo Bo—; pero a mà me parece guapÃsimo.
Elena no supo qué responder a esto.
Con pena y dificultad anduvieron hasta un tocón, a pocos metros del lugar en donde habÃan acampado. Desde allà se gozaba de una vista admirable.
—¡Dios mÃo, cuánta belleza! —exclamó Bo, con asombrados ojos.
—¡HermosÃsimo! —asintió Elena.