El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¿Qué haces por ah� —dijo Dale, arrojando un palo a un osezno lanudo y gris que apareció, deteniéndose a poca distancia—. Éste es Bund —añadió Dale, cuando las muchachas se acercaron a observarle—. Tiene cara de haber pasado mucha hambre durante mi ausencia. Ahora agradecerá lo que se le dé, sobre todo azúcar, cosa de la que aquà disponemos muy raramente.
—¡Qué bonito es! ¡Cuánto me gusta! —exclamó Bo—. AproxÃmate, Bund, quiero tocarte.
El osezno, sin embargo, permanecÃa inmóvil, mirando a Dale con sus ojillos penetrantes.
—¿Dónde está Roy? —preguntó Elena.
—Roy se ha ido; ha lamentado no poder despedirse de ustedes, pero era necesario que fuera a ocultarse entre los pinos, a fin de descubrir los movimientos de Anson. Caso de que Anson intente dirigirse a Pine, él le tomará la delantera para advertir a su tÃo.
—¿Qué espera usted? —preguntó Elena gravemente.
—Estoy preparado a todo —respondió Dale—. Supongo que a estas horas su tÃo estará enterado de todo, y quizás haya organizado alguna expedición por las montañas. Si tropieza con Roy pronto estarán aquÃ, pero no se haga usted muchas ilusiones ni tenga demasiadas esperanzas de ver a su tÃo muy pronto. Yo hago todo lo que puedo; pero este asunto es muy feo.