El Hombre del Bosque

El Hombre del Bosque

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Al ver la preferencia de que Tom era objeto, el osezno hizo varias manifestaciones de protesta.

—¡Pobrecito! —exclamó Bo—. Dice que nadie se acuerda de él. Acércate Bund, yo sí que te quiero.

Pero Bund no se atrevía a acercarse al grupo sin ser llamado por Dale. Cuando éste le dio permiso se adelantó dando muestras de alegría.

Bo casi se olvidó de su propia hambre con el deseo y el afán de dar de comer a su nuevo amigo.

Era gracioso ver los celos retratados en la mirada de Tom y el temor y respeto en las actitudes de Bund.

Elena apenas podía dar crédito a sus ojos, tan inverosímil le parecía que pudiera estar saboreando una bien condimentada comida en un bosque tan salvaje como aquél, en compañía de un enorme puma y de un osezno que un hombre singular, enamorado de la selva, había elegido por compañeros.

Terminada la comida, Bo se llevó al osezno a su campamento, naciendo pronto una gran amistad entre ella y el pequeño plantígrado. Al ver Elena los juegos de su hermana con el animalito, casi tenía envidia en el fondo de su corazón. ¡Cuánto hubiera deseado ella adaptarse a la vida del Oeste con la misma rapidez! Para Bo, capaz de aprovechar todos los alicientes de la selva, las numerosas horas de soledad que les aguardaban habían de ser menos lentas y apuradas.


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