El Hombre del Bosque

El Hombre del Bosque

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Tras unos momentos de silencio, Dale volvió a hablar de la áspera vida de los cazadores. Al conjuro de su voz surgía, en la angosta choza, todo el cortejo de las estaciones: los otoños de oro y púrpura, la blanca majestad de los inviernos, las claras flores de abril. En sus palabras palpitaba el misterio, la rudeza y la dulzura de las grandes soledades.

—Milt Dale, he perdido la apuesta —declaró Bo, con una seriedad impropia de sus pocos años.

—Me había olvidado de ella —dijo Dale—; ya ve usted, cuando la ocasión se presenta, como yo no tengo aquí ocasión de hablar sino conmigo mismo o con Tom; muchas veces, para no perder el hábito de la palabra, pienso en voz alta o me pongo a hablar con cualquier ser irracional o con cualquier objeto inanimado.

—Yo no me cansaría nunca de oírle —manifestó Bo. Habla usted con tal entusiasmo de la vida en los bosques que, a pesar de sus peligros, casi me gustaría ser cazador. Pasaría meses y meses sin ver a nadie. ¡Qué delicia! Mis compañeros serían los árboles, el viento y las nubes. Estoy segura de que no me aburriría, aunque (he de confesarlo) no dejaría de pasar algún ratito de miedo.

—Olvida usted que me acompañan a menudo el puma y el osezno —dijo sonriendo Milt Dale.

—¿Lee usted? ¿Tiene usted algún libro? —preguntó Elena.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker