El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —SÃ, leo bastante bien, aun cuando apenas si sé escribir —respondió Dale—. He ido a la escuela hasta la edad de quince años, pero los estudios no me han gustado nunca; a la lectura, en cambio, siempre he sido aficionado. Hace años que una antigua amiga mÃa, vecina de Pine, la viuda de Cass, me regaló una gran cantidad de libros. Me los traje aquà y me proporcionan ratos deliciosos. Cuando más leo es en invierno.
La conversación languideció después de esto y no tardó Dale en desear las buenas noches a las muchachas, retirándose a sus reales.
Elena continuó mirando hacia el lugar por donde se habÃa marchado Dale cuando éste habÃa ya desaparecido.
—Elena —le dijo Bo con voz intencionada—, te he llamado tres veces y no me has respondido. ¿Cuándo quieres que nos vayamos a dormir?
—¡Oh, estaba distraÃda!, —fue la disculpa de Elena.
—No me extraña que no me hayas oÃdo —replicó Bo—. Elena, ¿quieres que te diga una cosa?
—SÃ, dime —asintió Elena, sin comprender la intención de su hermana.
—Pues sencillamente, que te estás enamorando del cazador.