El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Bo estaba furiosa por no haber salido victoriosa en su empeño de montar la más nerviosa jaca de Dale. El animal no tenÃa resabios, ni malas intenciones, pero era sanguÃneo, asombradizo, exuberante de vida y brÃos, y habÃa lanzado varias veces por tierra a la muchacha. Por fortuna Bo habÃa caÃdo siempre sobre los helechos y la hierba, como sobre un colchón. Dale no habÃa puesto a la jaca ni brida ni bocado, no estando acostumbrado a ellos el fogoso animal; pero esto, si bien ofrecÃa el inconveniente de no permitir dominar al caballo, presentaba la ventaja de hacer que las caÃdas fueran menos peligrosas. Bo comenzó por halagar con la mano a la jaca, a la que llamó varias veces con el nombre de Pony. Pony se dejó montar con facilidad; pero apenas Bo estuvo sobre sus lomos, comenzó a dar saltos y brincos hasta desmontarla. Al principio la brava muchacha resistió las sacudidas con orgullo; pero pronto empezó a borrarse de sus labios la sonrisa que daba expresión de osadÃa y satisfacción a su cara. Se olvidó de que la miraban y concluyó por no pensar sino en el modo de evitar que el caballo la venciese.
—Sujételo bien —le aconsejó Dale al verla luchar denodadamente con el embravecido animal.
Bo pesaba poco, pero tenÃa bastante fuerza, y tirando con ánimo del ronzal consiguió sujetarle.