El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Varias veces consiguió despegar de su lomo a la muchacha, pero Bo volvía a caer sobre él y agarrándose fuertemente con las rodillas salía triunfante de los embates. Dale respondía con júbilo a los victoriosos gritos de Bo. Pero tras algunos botes más la jaca dio un traspié y cayó lanzando a Bo a gran distancia por encima de sus orejas. Por fortuna, la muchacha fue a parar encima de unos arbustos que amortiguaron sensiblemente la violencia de la caída.
Elena lanzó un grito y corrió hacia su hermana. Bo estaba de rodillas en el suelo cuando Dale llegó al lugar del accidente. La ayudó a levantarse y a salir del sitio en donde había caído, que era un lodazal. Bo estaba hecha una lástima. De la cabeza a los pies aparecía cubierta de barro.
—¿Te has hecho mucho daño? —le preguntó Elena.
Evidentemente la boca de Bo estaba llena de barro, porque fue con grandes fatigas que pudo contestar.
—¿Daño? No; no ha sido gran cosa. Pero ya lo has visto, no ha sido Pony el que me ha tirado. Los dos hemos ido por tierra. Esta vez he sabido resistir todos sus botes.
—Es verdad, le ha montado usted admirablemente —corroboró Dale—. Por suerte el fango y las matas han amortiguado la violencia de la caída.