El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¡Qué locura! —clamo Elena intentando arrebatarle el fusil.
Pero Bo no quiso ni oírla. Espoleo a su jaca y ésta, siempre dispuesta a la carrera, partió inmediatamente al galope. Pocos instantes después, Bo desaparecía tras la frondosidad del bosque. Elena la siguió quebrando ramas y hollando maleza. Un crujido repentino y prolongado alarmo a la muchacha y le hizo detener el caballo. Una enorme figura gris salió de un salto de la espesura. Era un oso de gran tamaño. A Elena la sangre se le helo en las venas. La lengua se le pego al paladar. El oso dio una vuelta. Su boca, entreabierta, chorreaba sangre. Lanzó un gruñido espantoso. Elena perdió el movimiento. El caballo se le encabritó, asustado. Como cuerpo inerte cayo entonces la muchacha de la silla. No vio al caballo, pera le oyó correr buscando su salvación en la fuga. Sus ojos no podían apartarse de la fiera que tenía delante. El oso balanceaba pausadamente la cabeza a uno y otro lado. Al oír los ladridos cerca de él volvió grupas y se internó eh la espesura, en busca del perro.