El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Corramos ahora —dijo Dale—, he visto a Bo y es preciso que nos apresuremos mucho para darle alcance.
Dale lanzo su caballo al galope por la ladera abajo le siguió y aun cuando la velocidad le producÃa frecuentes estremecimientos de terror no corrÃa lo suficiente, puesto que iba paulatinamente quedándose más y más rezagada. Muchas veces su caballo resbalaba por la pendiente con la grupa rozando el suelo y en tales momentos de verdadero peligro sacaba los pies del estribo para evitar el riesgo de ser arrastrada por el caballo, en el caso de que éste se despeñara. Dejaba que su cabalgadura eligiera el camino y no tenÃa ojos más que para fijarse en Dale y atalayar la lejanÃa con la esperanza de descubrir a Bo.