El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Una vez terminada la cena y que Dale hubo recuperado los caballos, el sol se había puesto y el valle se cubría de sombras en tanto las paredes altas de la montaña se coronaban de púrpura y oro, salieron los expedicionarios en busca del oso asesino. Una hora tardaron en recorres el largo camino en zigzag que Dale eligió, de tal manera que al llegar a lo alto de la montaña únicamente pudo ver Elena a la débil luz crepuscular la inmensa selva que se extendía ante ella, limitada por tupidos bosques y tachonada aquí y allá de grupos de árboles armo islas en un mar dilatado. Los objetos podían verse destacados a larga distancia y parecían de mayor tamaño. En el Oeste, en donde el crepúsculo persistía sobre la línea oscura y bordeada de piceas del horizonte, dibujábase una línea dorada que Elena sólo podía mirar con entusiasmo y admiración.