El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —No se puede predecir nunca lo que un oso puede hacer —dijo a Elena y Bo—. Estén ustedes dispuestas, y en cuanto se lo diga deben, sin perder segundo, trepar a este árbol.
Diciendo esto apuntó el fusil apoyando el codo izquierdo en la rodilla del mismo lado. El cañón del fusil parecÃa de plata al reflejar la luz de la luna. El hombre y el arma permanecieron unos segundos quietos y silenciosos. Elena apenas si se atrevÃa a respirar; Dale no osaba apretar el gatillo.