El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Es muy difÃcil apuntar en estas condiciones —dijo volviéndose hacia las muchachas—. Recuerden ustedes a la primera indicación mÃa, trepen inmediatamente a este árbol. —Volvió a apuntar quedándose de nuevo inmóvil como una estatua. Elena, fascinada, no podÃa apartar sus ojos de él. Pronto un fogonazo y una fuerte detonación cambiaron de súbito la situación. Elena oyó el ruido sordo y apenas perceptible de la bala al penetrar en la carne. Volviendo su vista del cazador a su vÃctima vio al oso retroceder repulsivamente. OÃa perfectamente el castañeteo de su formidable dentadura. El fusil de Dale volvió a disparar. Elena oyó nuevamente la entrada del proyectil en la carne del oso. La fiera cayó lanzando un gruñido horrible como si acabara de recibir un golpe mortal. Pero apenas hubo rodado por el suelo cuando volvió a levantarse sobre sus cuatro patas girando en torno de sà y lanzando furiosos gruñidos de agonÃa y dolor. Con fuerzas todavÃa para huir no tardo en desaparecer en el bosque oscuro. A los gruñidos unÃase el ruido de las matas que rompÃa a su paso al abrirse camino por la maleza.
—Juzgo que debe de estar muy mal herido —dijo Dale—, pero no quiero seguirle esta noche.
Al levantarse las dos hermanas, Elena temblaba de pies a cabeza y tenÃa las manos completamente heladas.
—Ha sido estupendo —exclamó Bo.