El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —También vosotros las echáis de menos —dijo Dale—. ¡Qué se le va a hacer! Se han ido, y será preciso que os contentéis con mi compañÃa.
Le sorprendió descubrir que estaba enojado, irritado consigo mismo y con sus animales, cosa que no le habÃa sucedido nunca hasta entonces. Varias veces se distrajo hasta el punto de buscar a Bo y a Elena, en continuación de un hábito adquirido. La impresión que recibÃa cada vez, al darse cuenta de lo que hacÃa, no podÃa ser más penosa. Las muchachas se habÃa ido, pero con los ojos de la imaginación las veÃa él en todas partes. Una vez terminadas las tareas de su campamento se fue a derribar la rústica construcción que habÃa servido de albergue a las muchachas. Las ramas de picea se habÃan secado y el viento habÃa levantado un poco el techo. Los costados tendÃan a caerse hacia la parte de adentro. No teniendo ya ninguna utilidad, Dale determino derribar la choza.