El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Así, Dale, en la oscuridad y silencio de su retiro, llegó a una conclusión que él mismo comprendía no era sino el comienzo de una nueva y más enconada lucha.
Mucho tuvo que pensar y reflexionar para comprender la naturaleza y el carácter de las nuevas luchas que le aguardaban. Pero Elena Rayner le había abierto los ojos, dándole a conocer sus deberes y demostrándole que éstos estaban al lado y no lejos de los demás hombres. No obstante, sentíase perplejo y tímido ante la idea de volverla a ver, de acercarse a ella, de hablarle nuevamente.
De la consideración de sus deberes, sus pensamientos fueron tomando poco a poco un tinte más pasional, acabando por girar únicamente en tomo a Elena.
Al despertarse, al día siguiente, su cabeza era un volcán. Por la noche, durante las pocas horas de sueño, las ideas de la víspera habían continuado trabajando activamente en su conciencia. Las palabras de Auchincloss no se apartaban un instante de su memoria, volviendo a ella, con más insistente empeño, las que le prometieron no oponerse a que conquistara a la sobrina.