El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¡Oh, no es más que usted! —dijo con voz despectiva al recién llegado.
—¿Cómo están ustedes? —preguntó la persona a quien Bo habÃa recibido con tanta frialdad.
—Muy bien, señor Carmichael; pero si usted lo prefiere me encontraré muy mal —replicó Bo, acentuando la intención malévola de sus palabras.
—¿Mal? ¡Oh, no!
—Pues le aseguro que si no quiere verme morir en este mismo instante tendré que irme a Missouri sin perder momento —añadió Bo con desgaire.
—¿Me permitirá usted entrar? —le preguntó Carmichael—. Hace mucho frÃo afuera y tengo algo que decir a…
—¿A quién? ¿A mÃ? No le falta osadÃa —declaró Bo.
—Señorita Rayner, siento mucho decirle que no he venido aquà para hablarle a usted.
—¡Ah! ¿No? Ya me extrañaba a mà que usted hubiese venido a excusarse como un caballero. Puede usted entrar si gusta, mi hermana está aquà para oÃrle.