El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Mientras tanto, Bo estudiaba con su mirada, los pensamientos de Elena.
—¿Te acuerdas mucho de Dale? —le preguntó inopinadamente.
—Claro está que sà —contestó Elena, sorprendida de que su hermana pudiera hacerle tal pregunta.
—Bien comprendo que no debÃa habértelo preguntado —confesó Bo, engolfándose de nuevo en la lectura de su libro.
Elena detuvo tiernamente su mirada en su hermana. En aquel invierno tan lleno de acontecimientos en el que el cuidado de la casa y las atenciones del rancho y hacienda de su tÃo le habÃan absorbido tantas horas, Bo se habÃa distanciado algo. Siempre voluntariosa e indómita, Bo habÃa continuado una vida muy parecida a la que llevara en el campamento de Dale, con gran satisfacción de su tÃo, enorme sentimiento de Elena, susto y desconcierto de la fiel mejicana que ayudaba a Elena en los cuidados de la casa y trastorno de todos los cowboys que trabajaban en el rancho.
Elena aguardaba pacientemente el momento oportuno para charlar con su hermana, haciéndole sentir la influencia de sus razones y su cariño; pero cuando ya se disponÃa a dirigirle la palabra sonaron los pasos de un hombre con espuelas e inmediatamente se oyeron unos golpes en la puerta. Bo corrió a abrirla.