El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Hubo algunas risas. Probablemente Beasley no habÃa tenido nunca a Milt Dale como hombre digno de tenerse en cuenta. Nunca le hubiera creÃdo, sobre todo, capaz de interponérsele en su camino. Pero en aquel instante, una voz instintiva le decÃa que en Dale tendrÃa un terrible antagonista.
—Dale —dijo—, yo tengo algunas diferencias con Al Auchincloss. Estas diferencias son ya antiguas. Mucho de lo que Auchincloss posee me pertenece y pronto pasará a mis manos. La gente ha de tomar partido por él o por mÃ. La mayorÃa se pronuncia en favor mÃo. Es necesario que sepamos de qué lado está usted. Al Auchincloss nunca fue amigo suyo; es, además, un hombre moribundo que no le puede favorecer en nada. ¿Se me irá usted al campo de Auchincloss?
—SÃ; al campo de Auchincloss.
—Bueno. Celebro que lo haya usted declarado con tanta claridad —dijo Beasley secamente, volviendo la espalda y marchándose.
En sus pasos firmes y enérgicos adivinábase la decisión de suprimir todo obstáculo que se le interpusiera en el camino.
—Milt, ha sido una imprudencia lo que has hecho —dijo Lem Harden—. Beasley está haciéndose el amo de todo este pueblo.
—No hay quien pueda ponerse enfrente de el —dijo otro.