El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Bo, muchas han sido mis preocupaciones de estos dÃas, pero lo peor de todo es lo que se avecina —contestó Elena, explicando a continuación a Bo las complicaciones y dificultades que ofrecÃa la administración y el gobierno de una hacienda como la de su tÃo, sobre todo cuando el dueño estaba enfermo, no recordaba bien las cosas y tenÃa un carácter en exceso duro y tenaz; cuando tenÃa montones de oro y billetes, y olvidaba sus compromisos y aplicaciones; cuando los vecinos se le acercaban a ella con quejas y reclamaciones; cuando los cowboys y pastores estaban descontentos; sosteniendo querellas entre sÃ; cuando era preciso alimentar grandes masas de ganado vacuno y lanar y durante un invierno extremadamente frÃo e inclemente; cuando era preciso recibir vituallas y provisiones que no podÃan llegar sino después de cruzar desiertos dilatados y fangosos; y, por último, cuando se tenÃa un enemigo que, como Beasley, le quitaba a una los mejores servidores con objeto de arrebatar las propiedades a los legÃtimos herederos, a la muerte del dueño. A esto añadÃa Elena noticias exactas de cómo Carmichael le habÃa servido y estaba dispuesto a continuar ayudándola, impulsado por sus sentimientos de fraternal estimación hacia ella; pero al llegar aquÃ, Bo se cubrió la cara con las manos y se puso a gritar, hecha una furia:
—No quiero oÃr más, Elena, no quiero que me nombres a ese monstruo.