El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Pues necesito hablarte de él —repuso Elena, inexorable—. Quiero que tengas idea exacta de su adhesión y lealtad.
—¡Pero si le odio!
—Bo, he de confesarte que sospecho que eso no es verdad.
—¡Oh, sÃ, sÃ!
—Pues tus acciones y actitudes me demuestran lo contrario.
—Elena, veo que estás decidida a defenderle.
—SÃ, lo estoy —asintió Elena—, porque asà me lo manda mi conciencia. He tardado en apreciar lo que este muchacho vale; pero al fin he podido comprender que es todo un hombre. En tres meses ha cambiado enormemente; tengo de él la mejor idea; serio, formal, buen muchacho…
—ApostarÃa a que te ha hecho el amor —interrumpió Bo.
—No digas tonterÃas, Bo —reprendió ásperamente Elena—. Carmichael no me ha demostrado sino sentimientos de fraternal afecto. Pero has de saber que si me hubiera hecho el amor, yo me habrÃa mostrado, por lo menos, más agradecida que tú.
Bo estaba pálida, las lágrimas se le saltaban de los ojos, y en la garganta un nudo apenas si le dejaba hablar.