El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Pues bien, Elena, dime que pensarÃas tú de un cowboy que cuando tú estuvieras delante de él formal y seria como una señorita, saltara sobre ti con ademán terrible, te colocara los brazos alrededor del cuerpo, apretándote hasta el punto de quitarte la respiración, y asà sujeta, sin darte lugar a protestas ni resistencias, te besara violentamente en la boca, estrujándote hasta hacerte crujir los huesos.
Elena habÃase apartado paulatinamente de su hermana, previendo esta pregunta realmente difÃcil de contestar.
—Bien, veo que nunca te ha sucedido una cosa semejante —exclamó Bo, con aire de triunfo.
—Ya sabÃa algo de lo ocurrido por habérmelo contado él mismo —explicó Elena.
—¡Ah! ¿Lo sabÃas, y sabiéndolo has sido capaz de defenderle?