El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Él tiene la culpa, por habérseme mostrado autoritario. Cualquiera hubiera dicho que yo ya le habÃa dado derechos sobre mÃ. Esto me disgustó extremadamente, y para darle una lección coqueteé un poco con Turner. Él entonces hizo cambiar mi amor en odio, insultándome.
—No despotriques, Bo; es imposible amar y odiar a la vez a la misma persona —protestó Elena.
—¿Qué sabes tú de eso? —objetó Bo—. Te aseguro que es posible. ¿Has visto alguna vez a un cowboy atrapando a un caballo con el lazo y echándole al suelo después de atarle vigorosamente las patas?
—SÃ, lo he visto.
—¿Tienes idea de la fuerza que tiene un cowboy en sus manos de hierro?
—Me lo figuro.
—¿Te imaginas también lo salvaje y feroz que puede llegar a ser?
—Me lo imagino.
—¿Tienes asimismo idea de cómo se apodera de todo cuanto codicia?
—Admito que los cowboys son rudos y valientes —dijo Elena sonriendo.