El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Elena disfrutaba viendo montar a su hermana; pero muchas veces este placer iba mezclado con alguna inquietud y alarma. Aquella mañana, cuando regresaba de uno de sus paseos a caballo, Bo parecía más inclinada que nunca a asustar a su hermana con los escarceos y cabriolas de su corcel. Por el sendero apareció Carmichael agitando los brazos, y Elena comprendió en seguida que Bo deseaba marcharse de donde estaba. Desde aquel día, hacía ya un mes, en que Bo confesó a Elena su amor por Carmichael, las dos hermanas no habían vuelto a hablar del cowboy. Carmichael y Bo no habían hecho todavía las paces; pero esto no inquietaba va a Elena. Bo había mejorado mucho de talante; mostrábase, sobre todo, más afectuosa que nunca con Elena, ayudándola cariñosa y eficazmente en todas sus tareas. Elena estaba persuadida de que todo se arreglaría al fin, y por eso no le preocupaba gran cosa la prolongada tirantez entre su hermana y Carmichael.
Bo detuvo su caballo a la misma puerta del rancho.
Usaba un traje de piel de ante, que le sentaba a las mil maravillas. Se había desarrollado mucho durante el invierno y su cara estaba colorada y rebosante de salud.
—Elena, ¿has ido con el soplo a Carmichael? —preguntó.
—¿Con el soplo? —repitió Elena palideciendo.