El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —SÃ; te confesé, dÃas atrás, que estaba enamorada de él. ¿Has ido tú y se lo has contado?
Necesitábase todo el cariño que tenÃa a su hermanita y todo su buen carácter para no enfadarse.
—¿Cómo puedes haber pensado eso, Bo? —protestó—. No; no le he contado nada.
—¿Ni siquiera le has dado a entender algo con medias palabras?
—¡Ni siquiera con medias palabras!
—No comprendo, entonces, su conducta.
No pudo continuar hablando, porque Carmichael se le acercó en aquel momento.
—Buenos dÃas, señorita Elena. Hace un momento decÃa a su hermana que no continuara dando sus largos paseos a caballo.
—¿Y quién le ha dicho que puede usted mandarme? —preguntó Bo.
—En realidad, Bo, estos paseos me parecen peligrosos, de modo que al suspenderlos no le obedecerás a él, sino a mÃ.