El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Alguien tiene que dictarle órdenes —dijo Carmichael—. Por mi parte, no deseo ser yo quien la prive a usted de ninguno de sus caprichos, y si por mà fuera podrÃa usted correr cuantas veces quisiera hasta Kingdom-Come, o hasta los poblados de los apaches, o por donde a usted se le antojara; pero yo soy un servidor de la señorita Elena, y ella se opone a que usted continúe alelándose a caballo como hasta aquÃ. Por eso yo le impediré que se aleje, porque su hermana asà lo dispone.
Era divertido ver la cara de Bo al escuchar al cowboy.
—¿PodrÃa saberse cómo se las compondrá usted para impedirme galopar por dónde me dé la gana?
—¿Cómo? Si tan rebelde es usted que se obstina en no acatar las órdenes de su hermana, le impediré montar a caballo aunque tenga que atarla con una cuerda.
Dijo esto en tono de broma; pero era evidente que poco le habrÃa costado hacer lo que anunciaba.
—Ha de saber que si vuelve usted a tocarme…
Carmichael la interrumpió con un gesto expresivo de dignidad herida.