El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Cambiaste para bien, únicamente su orgullo y sensibilidad le impiden reconocerlo asÃ. Tu seriedad y reserva le han herido más que tus coqueteos, porque interpreta tu actitud como indiferencia hacia su persona.
—¡Vaya un hombre extraño! ¿Acaso espera que yo corra tras él y me arroje en sus brazos? Él es el testarudo y el loco, que yo estoy muy en mis cabales.
—QuerrÃa saber yo, Ro —dijo Elena—, si tú, por tu parte, has notado cuánto ha cambiado también él. Es más juicioso, está preocupado. O se está muriendo de amor por ti, o prevé desgracias que comprende no ha de poder evitar. ¡Quizá las dos cosas! ¡Cómo te mira, cómo te vigila! Conoce y sabe todo lo que haces y adónde vas.
Lo que nos ha dicho de Riggs llena mi corazón de alarma.
—Si Riggs me sigue con intención de ensayar en mà alguna de sus perversas prácticas, yo sabré darle el debido escarmiento —aseguró Bo, jactanciosamente—. Para esto no necesito la protección de mi cowboy. Me gustarÃa que Riggs se atreviera. VerÃamos entonces lo que importo a Tom Carmichael Las Vegas.
Bo pronunció estas palabras con dejos de pasión y celos, e inmediatamente volvió a empuñar la brida de su caballo.
—Elena, no tengas ningún temor por mÃ, que yo ya sé defenderme —añadió.