El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —He elegido esta mañana los montes de la parte sur para mi paseo —exclamó Bo, haciéndose violencia para no estallar—, por ser éste el paseo que tú, Elena, sueles preferir. Pero te aseguro que si tú vas por allà hoy, no vuelves. He ascendido por la cuesta de los cerros durante unas tres millas. Apenas llegué a la parte alta de las montañas, cuando vi a dos jinetes saliendo de entre unas peñas. Les vi claramente la intención de cortarme el camino de vuelta a casa. Esto me dio muy mala espina. Di entonces un rodeo por el Sur. Pero apenas habÃa recorrido una milla, cuando divisé a otro jinete enfrente de mÃ. Esto me gustó todavÃa menos que lo otro. Pensé que los encuentros podÃan ser casuales, pero comprendà que lo probable era lo contrario. Lo único que podÃa hacer era dirigirme hacia el Sudoeste lo más de prisa posible. ¡Nunca lo hubiera hecho! Me metà por un terreno áspero, abrupto, inescrutable. No pude correr. Subà por fin otra vez a la cuesta de los cedros, creyendo poder eludir asà el encuentro de aquellos jinetes, dando otro rodeo hasta llegar a Pine; pero me equivoqué.