El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Si no me muero o si no me quedo coja para toda la vida —repuso Bo— no será por culpa de usted. Usted me dijo que la parte sur era la única segura para mà y mire usted como vengo.
Su respiración jadeante la obligo a suspender un momento sus palabras.
Llevaba solamente un guante, y la mano que llevaba desnuda, herida y cubierta de sangre, temblaba.
—¡Oh, dinos pronto si te has hecho daño! —preguntó Elena con afectuosa solicitud.
—No mucho; he perdido solamente un poco de sangre, pero estoy furiosa, frenética.
Era indudable que si atenuaba el dolor que habÃa podido causarse, no exageraba, en cambio, el estado de su espÃritu. No recordaba Elena haber visto a su hermana tan colérica. Hubiérase dicho que querÃa saltar del asiento para descargar su ira sobre alguien. Bo estaba preciosa en aquellos instantes. Roy admiraba su belleza, pero Carmichael tenÃa algo más importante en que fijarse, y paulatinamente fue poniéndose pálido.