El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Verdaderamente, la idea de ese hombre es de lo más peregrina. ¡Casarme yo con él para salvar mi hacienda! ¡No me casarÃa ni por salvar la vida!
Carmichael rompió por fin su largo silencio.
—¿Vio usted también a los demás hombres? —preguntó a Bo.
—SÃ, a eso iba —contestó Bo—; los vi por entre los cedros; los tres iban juntos, o por lo menos allà habÃa tres jinetes. Se habÃan detenido debajo de algunos árboles. Al volver a casa me puse a pensar, pues mi susto y mi cólera no me habÃan impedido efectuar algunas observaciones. La sorpresa que vi retratada en la cara de Riggs cuando me vio cerca de él me persuadió de que no creÃa perseguirme a mÃ, antes bien esperaba apoderarse de Elena. Con este traje que llevo parezco más alta. Además, yo no perdà el sombrero sino en el mismo momento de caer, y apenas si me podÃa ver la cara y la cabeza. Es indudable que me confundió con Elena. Otra cosa que recuerdo es que le vi hacer signos, mientras yo le insultaba, a los otros hombres para que no se acercaran. Creo que el plan de Riggs consistÃa en apoderarse de Elena con ayuda de los otros hombres.
—Bo, tu imaginación te hace ver siempre cosas extraordinarias —protestó Elena, sin poder dar fácil crédito a su hermana, aun cuando interiormente temblaba de coraje e indignación.