El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Hasta entonces, Elena habÃa podido ser la dueña de sus impresiones; pero con la esperanza de la pronta llegada del cazador sintió circular por sus venas una cálida oleada de sangre que le hizo latir fuertemente el corazón.
—¿Podrá John ponerse en comunicación con Dale habiendo todavÃa tanta nieve en las montañas? —preguntó, inquieta.
—Indudablemente, llegará con dos caballos hasta las alturas en donde comienzan las nieves. AllÃ, si es necesario, se apeará y continuará a pie con su calzado especial para la nieve. Eso si Dale no le ve antes y sale a su encuentro, cosa muy probable. La nieve, excepción hecha de los picos más altos de la vertiente Norte, está casi fundida en el resto de la montaña.
—¿Cuándo cree usted entonces que Dale podrá estar aqu�
—Calculo que dentro de tres o cuatro dÃas, y no me parece demasiado pronto, porque, señorita Elena, preveo graves acontecimientos.
—No me cogerán desprevenida, ya los espero. ¿Le ha contado Las Vegas la visita que ayer me hizo Beasley?
—No, cuéntemela usted.
Puntualmente detalló Elena al herido las circunstancias de aquella visita.