El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Las Vegas, tú eres un hombre maravilloso con los caballos, con el lazo y con las armas; pero con las mujeres eres una calamidad.
—Cierto que no soy un mormón; pero ya hablaremos de esto otro dÃa. ¿No le parece, señora Cass, que debemos retiramos? A Roy no le conviene la conversación.
—Precisamente —manifestó la señora Cass— iba a decirles a ustedes que Roy tiene fiebre y que no le conviene hablar.
Ella y Carmichael pasaron a la cocina, dejando a las dos hermanas con el herido.
Roy miró a Elena con ojos expresivos y penetrantes.
—Mi hermano John ha estado aquà —dijo—. Acababa de salir cuando han llegado ustedes. Ha ido a casa para decir a mis padres que mi herida no es muy grave e inmediatamente saldrá hacia las montañas.
Elena preguntó con la mirada lo que sus labios se negaban a pronunciar.
—Ha ido en busca de Dale, porque me figuro que pronto tendremos gran necesidad de nuestro amigo.
Y dirigiendo súbitamente su mirada hacia Bo:
—¿No piensa usted lo mismo? —le preguntó.
—Indudablemente —respondió Bo sin vacilar.