El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Esperaba que la primavera le traería la liberación, aun cuando no tenía intención de salir del valle que habitaba. Disgustábale el frío, y estaba harto de la nieve y del viento. Deseaba el sol, el verdor de los montes cubiertos de hierba y margaritas, la vuelta de los pájaros y las ardillas, los ciervos y demás animales de la selva. Con todos estos elementos quizá recuperara su espíritu parte de la tranquilidad perdida, aun cuando la dicha y la ventura de antaño estuvieran perdidas para siempre.
La llegada de la primavera le hizo sentir los efectos de la sangre ardiente. Su corazón latía con indefinibles e imperiosos anhelos. Volvió a moverse, a trabajar incesante y febrilmente desde la mañana a la noche. La acción le fortaleció sus relajados músculos, apartando de su espíritu las ideas tediosas y mortales. Por fin termino para él la vergüenza de estar constantemente suspirando por algo que no había de ser para él; la dulzura de una mujer, un hogar lleno de luz, de alegría, de amor, de esperanza… ¡La felicidad inefable de los hijos! Todos aquellos locos y melancólicos anhelos fueron a morir en el fondo de las más profundas simas.