El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque La imagen de una mujer concluyó con la paz de Dale, confundió su filosofÃa, echó por tierra sus teorÃas de la suficiencia por sà mismo y la dicha emanada de la soledad de los bosques, y le puso cara a cara con su alma y con la fatal significación de su vida.
Cuando se dio cuenta de su derrota, cuando comprendió que las cosas no eran lo que parecÃan, que la llegada de la primavera no le traÃa, como otras veces, júbilo y alegrÃa, y que habÃa estado ciego al abrazar la vida libre y sensorial de los indios, cayó en un estado inextricable de desesperación, en una melancolÃa y tristeza tan frÃgida y callada como la selva que habÃa elegido como mansión. Dale comprendÃa que cuanto más alto estaba un animal, colocado en la escala zoológica, cuanto más fuerte era, cuanto más finos y sensibles fueran sus nervios y más aguda fuese su inteligencia, más hondos y vivos tenÃan que ser sus sufrimientos. Imaginábase que el mismo no era sino un animal superior obligado, por ley de la Naturaleza, a la acción. Por desgracia para él, el incentivo para la acción habÃa desaparecido. Volvióse haragán. No tenÃa ganas de moverse. No realizaba sino los trabajos más indispensables, y aun estos perezosamente, de un modo mecánico y automático.