El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque En seguida puso el mormón a Dale en autos de lo que él y sus hermanos pronosticaban. La necesidad de ir a Pine fue para el hombre del bosque como un renacer a nueva vida, como una verdadera resurrección.
—Dime todo lo ocurrido —rogó.
—Roy ha recibido un tiro; pero no creo que muera —contestó John—. Él es quien me envía a buscarte. Se avecinan acontecimientos. Beasley quiere arrojar a Elena Rayner del rancho, apoderándose de sus propiedades.
Dale tembló de coraje al oír esto. Habíase iniciado ya el tránsito del pasado al fatal e inevitable futuro. Hasta entonces, sus emociones no se basaban sino en esperanzas, recuerdos, anhelos e ilusiones; pero el requerimiento que le dirigían sus amigos tenía un fundamento de honda e incontrastable realidad.
—¿Cuándo murió el viejo Al? —preguntó.
—Hace ya tiempo. Creo que fue a mediados de febrero. Elena heredó todos sus bienes, habiéndolos administrado admirablemente, tanto que mucha gente dice que sería una lástima que los perdiera.
—No los perderá —declaró Dale.
¡Cuán exóticamente le sonaba su propia voz! Su timbre no era el mismo. Era ronca y extraña, acaso por los meses de largo y forzado silencio.
—No todos piensan lo mismo. Mi padre dice que los perderá, y Carmichael y yo tememos lo mismo.