El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¿.En el pulmón? Con un invierno tan frÃo y en estas latitudes no me extraña —comentó John.
—No; en los pulmones, no.
—¡Ah, ya! Algo de eso me contó Roy.
—¿Qué te contó?
—¿No lo adivinas? ¿Ni adivinas tampoco por qué estoy aquà en este momento? Mira mi caballo.
John se apeó, mostrando los signos de fatiga del animal y procediendo inmediatamente a desensillarlo.
—¿No adviertes lo de prisa que hemos venido? —añadió—. Ni la nieve ni la noche han bastado a detenernos.
—Lo interesante es que estés aquÃ. John, dime: ¿en qué mes estamos?
—¿Tan desmemoriado vives? Estamos en marzo, a 23 de marzo.
—Ya yes, en estas soledades es fácil descontarse. Yo he perdido este invierno la noción de los dÃas.
—Dime, Milt: ¿cómo están tus caballos?
—Han resistido bien el invierno.
—Me alegro, porque vamos a tener necesidad de los dos más fuertes que tengas.
—¿Para qué?
—Para ir los dos inmediatamente, y lo más de prisa posible, a Pina.