El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Tendrás el olfato más fino que yo —confesó John haciendo una mueca de incredulidad.
Siguieron marchando hasta llegar al extremo de la última cuesta. Delante de ellos se extendÃa una ancha planicie de verdura salpicada por grupos de cedros y otros árboles hasta el borde del desierto, que extendÃa a lo lejos la inmensa superficie de sus reverberantes arenas.
Pine se divisaba junto al sendero del gran bosque, apareciendo sus ranchos y construcciones como pequeñas manchas blancas en medio de un gran tapiz verde.
—Mira allà —señaló Dale.
Algunas millas hacia la derecha, una serie de rocas grises se destacaban de la inclinación general de la ladera, formando un promontorio. De aquellas rocas salÃa una delgada y pálida columna de humo.
—Éste es el humo que tú has olido, no hay duda —confesó John, caviloso—. Lo que me intriga es pensar quien pueda tener interés en acampar en un sitio en donde no hay agua ni pasto para los caballos.
—John, estas columnas de humo se han usado muchas veces como señales para comunicar algún mensaje a distancia.
—En eso mismo estaba pensando yo. ¿Te parece que vayamos a ver quién puede estar all�