El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Muy bien, Milt; para un cazador no especializado en huellas de caballo no está mal —reconoció John—, pero a ver si sabes decirme cuántos caballos pasaron por aquà ayer.
—Tienes razón, no sabré decÃrtelo exactamente. Cuatro o cinco, a lo que presumo.
—Pues pasaron seis caballos y un potro sin herrar. ¿Qué opinas tú de eso?
—No sé. A no ser por el humo que hemos visto en el promontorio rocoso, no habrÃa concedido yo gran importancia a estas huellas. El relacionar lo uno con lo otro me da, en cambio, muy mala espina.
—¡Cuánto darÃa yo porque mi hermano Roy estuviese aquà con nosotros! —exclamó John rascándose la cabeza—. Milt, el corazón me dice que si Roy estuviera aquà serÃa de opinión de seguir las huellas.
—Tal vez, pero no tenemos tiempo para eso. Estas huellas nos alejarÃan de Pine, y hemos de llegar allà cuanto antes.