El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¡Muerta! ¡Oh, Dios mÃo! —exclamó Elena, cerrando los ojos un instante, para volverlos a abrir con la tristeza más profunda en la mirada—. Bo no está muerta, el corazón me lo dice, no morirá ni se dejará matar tan fácilmente. Es muy valiente. Luchará como una leona en defensa de su vida. Es fuerte e intrépida; al menos que la asesinen traidoramente, resistirá cualquier acometida; por lo tanto, le ruego, amigo, que no pierda un instante y corra en su socorro.
Dale temblaba al recibir el apretón de manos de Elena. Y desprendiéndose de ella salió del rancho en el mismo momento en que John volvÃa al galope, trayendo a Ranger.
—Elena, no volveré sin su hermana —le prometió el cazador—. Creo que no debe de perder usted la esperanza; pero este preparada a lo une sea. Es duro lo que le digo, pero estos sucesos son corrientes aquà en el Oeste.
—Y si mientras tanto Beasley viene aquÃ, ¿qué debo hacer? —preguntó Elena.
—Negarse en absoluto a abandonar el rancho —respondió Dale—, sin permitir que ni él ni ninguno de sus hombres la toque con sus manos indignas. En caso de que él la amenace o intente acometerla, cargue usted con sus ropas y objetos de más valor y trasládese a casa de la viuda de Cass, en donde me esperará.