El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Habían fijado su campamento cerca de un manantial que surgía de una peña rodeada de álamos temblones, a unas tres millas de Pine.
Dale y los cuatro hermanos tenían costumbres muy parecidas. Ésta era precisamente la base de la amistad que reinaba entre ellos. Pero hasta entonces no habían hablado sino de cosas relativas a la vida selvática. Dale cenó con los mormones y conversó con ellos como siempre, sin avanzar palabra relacionada con el objeto que le había llevado allí. Después de la cena ayudó a Joe a capturar los caballos y a llevarlos al verde potrero, sombreado de pinos, en donde debían pasar la noche. Luego, cuando la oscuridad reinaba en los bosques, y el viento había refrescado, y el fuego del campamento llameaba confortablemente, Dale inició la conversación sobre el asunto que le preocupaba.
—De manera que estáis trabajando contratados por Beasley —dijo para empezar.
—Trabajábamos —contestó John—, pero hoy ha vencido nuestro mes de trabajo, hemos cobrado y nos hemos despedido. Por cierto que Beasley lo ha sentido.
—¿Por qué no habéis querido continuar con él?
John no contestó y sus hermanos imitaron su silencio.
—Oíd a lo que he venido, y luego hablaréis —dijo Dale.