El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Mi amigo, ¿eh? —exclamó Auchincloss, con amargura, con sarcasmo—. Pues es usted el único. Milt Dale, yo soy rico y sé que no tardaré en morirme. No me fÃo de nadie. Si es usted mi amigo, demuéstremelo. Vaya y mate a ese canalla. Haga algo y luego vuelva y hable conmigo. Antes no, porque no quiero oÃrle.
Y diciendo esto entró tambaleándose en su casa, y cerró la puerta tras sÃ.
Dale se quedó un momento confuso, desconcertado. Cogiendo después su fusil se marchó de allà triste y resignado.
Al ponerse el sol Dale se encaminó al campamento de sus cuatro amigos mormones, llegando allà a la hora de la cena.
John, Roy, Joe y Hal Beeman eran hijos de un primitivo colono que se habÃa asentado en la pequeña comunidad de Snowdrop. Eran jóvenes, pero el trabajo duro y la vida al aire libre les habÃa dado el aspecto de hombres maduros. Entre John y Roy no habÃa sino un solo año de diferencia, y lo mismo sucedÃa entre Roy y Joe, y entre Joe y Hal. Tanto se asemejaban los cuatro que era difÃcil distinguir uno de otro. Buenos jinetes, pastores, vaqueros, cazadores, los cuatro poseÃan todas las condiciones propias de los hombres de su laya. Eran enjutos de carnes, ligeros, fuertes, musculosos. Sus caras bronceadas por el sol, y su vista serena y penetrante, eran seguro testimonio del género de vida que llevaban.