El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Riggs continuó desenrollándose los pantalones y calzándose la bota, sin decir palabra. Luego marchó en dirección del promontorio, encontrando a medio camino a Snake Anson.
—Beasley viene por un lado, y por el otro llega Shady. Antes del mediodía podremos abandonar estas rocas —dijo el jefe de la banda.
Riggs se llegó hasta el promontorio para corroborar la noticia con sus propios ojos.
—¿Dónde está la chiquilla? —preguntó Anson, lleno de sorpresa, cuando volvió al campamento.
—Está paseando por estos contornos —declaró Wilson—. Sí, porque me ha prometido no escaparse y no la creo capaz de faltar a la palabra ni siquiera ante la consideración de haberla empeñado a un bandido.
—Soy de tu misma opinión en eso; pero, Jim, noto que esa muchacha despierta en ti demasiada simpatía. ¿Te crees haber vuelto a los días de juventud en que tenías amistades que, por lo visto, aún no has olvidado?
—Es posible. Sentiría que eso te disgustara.
—¡Oh, oh! ¡Así se dejan prender los hombres por una mirada o por una sonrisa de mujer! —rezongó Anson, yéndose a buscar la sombra.