El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¡Que me maten si no es ésta la mejor noticia que podÃa haber oÃdo! ¿No piensas tú lo mismo, Moze?
Moze asintió con un movimiento de su cabeza, morena y desgreñada.
—Yo ya estoy harto de este asunto —gruñó Burt, evidentemente instigado por sus compañeros—. Desde el otoño no hacemos más que vagar por los montes, muriéndonos de frÃo, sin comer, sin beber, sin ganar nada, alimentándonos tan sólo de esperanzas.
Estas palabras de rebeldÃa obraron en todos los pechos como un fermento de discordia. Wilson, sin embargo, permanecÃa abstraÃdo y desligado de lo que pasaba en el campamento. Otras ideas embargaban su atención.
—Burt, ¿acaso te hice yo promesas categóricas? —preguntó Snake Anson, enfurruñado.
—No; únicamente nos dijo que podrÃa suceder que terminásemos ricos. Pero si no nos prometió nada, a usted sà que le prometieron, y no espero que permita que le defrauden impunemente ahora que tenemos en nuestro poder a la muchacha.
—Muchacho, has de saber que no es la que Beasley quiere. Riggs nos ha traÃdo a la hermana.