El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque El disgusto que estas palabras produjeron en Burt y Shady Jones no es para descrito. Refunfuñaron un rato, haciéndose luego el silencio en el campamento. El causante del desencanto general mantenÃase alejado de los demás, sin atreverse a mirar a nadie, y en una actitud de indiferencia adoptada para disimular su miedo.
Un caballo enderezó las orejas, prueba evidente de que habÃa olido o divisado algo antes que ningún hombre.
Esto bastó para que todos, excepto Wilson, aguzaran la atención. Pronto se oyeron las pisadas de un caballo sobre la roca. Riggs se puso nerviosamente en pie. Los demás hicieron lo mismo uno a uno. El único que permaneció sentado fue Wilson.
Unos segundos después un hermoso alazán penetró en el campamento, apeándose de él su jinete con notable agilidad dadas su edad y su corpulencia.
—Salud, Beasley —fue el saludo de Anson.
—Buenos dÃas, Snake —contestó Beasley, paseando su mirada audaz por el grupo.
Llegaba lleno de polvo y acalorado. El sudor resbalábale abundantemente por sienes y cara; pero era evidente que sus preocupaciones le absorbÃan demasiado la atención para que pudiera parar mientes en estas pequeñas incomodidades.