El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¿Quieres decir que si Carmichael o cualquier otro defensor de la chiquilla nos persigue te rendirás sin lucha?
—Yo no hablaba por mÃ. Hablo sólo en términos generales.
—Jim, nosotros no nos dejaremos sorprender fácilmente. Conocemos el terreno, emprenderemos marchas, viviremos alerta, despistaremos a nuestros enemigos, hasta que podamos aprovechar una ocasión oportuna para desaparecer por el Sur.
—Snake, me está pareciendo que hablas sin tener en cuenta los sentimientos de tus hombres, los mÃos propios y los tuyos. Apuesto mi caballo a que dentro de un dÃa o dos tu partida está disuelta.
—Temo que tus palabras sean las de un oráculo —refunfuñó Anson levantando las manos al cielo en ademán de resignación.
Snake Anson era valiente, pero no hay hombre de las selvas que no reconozca y admita una fuerza superior e incontrastable. Se quedó un rato inmóvil junto al fuego, mirando las llamas con ojos de basilisco. Se levantó, al fin, y sin decir ni una palabra más a su compañero fue a contemplar a los dormidos forajidos.