El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Yo estoy descontento porque presiento que se acerca el fin de mi señorÃo en estas montañas. No sabrÃa explicar en qué fundo mis temores; pero es asÃ. Algo que flota en el aire, que me anuncian las sombras, que me dicen los árboles… Tú estás descontento porque has sido siempre un hombre medro decente y ahora has visto a la banda caer demasiado bajo.
—¿DesconfÃas de mÃ, Snake?
—No; eso nunca. Tú has sido siempre mi mejor amigo y el hombre en quien más he podido confiar. En los años que hemos andado juntos no hemos tenido más palabras de discrepancia que las motivadas por ese maldito asunto de Beasley. Culpa mÃa fue oÃrle; pero, Jim, ahora ya es demasiado tarde para lamentarlo.
—¡Quizá lo sea hoy, pero no lo era ayer!
—¡Quizá! Pero hoy lo es, y ya no nos queda otro remedio que exigir un buen rescate por la muchacha, no soltándola sino a cambio de mucho dinero —declaró el bandido hoscamente.
—Snake, yo he visto partidas más fuertes que la tuya desaparecer y disolverse por causas parecidas. La banda de Bend, en Texas, estaba constituida únicamente por bandidos de la peor calaña. Tú no tienes ninguno tan desalmado y feroz como aquellos hombres. Y, sin embargo, aquellos hombres no tuvieron valor para luchar.